La realidad bajo las olas no se aprecia muy clara entre la arena. Rocas y más rocas, jugando a sujetar estrellas de mar con hilos con los que ni siquiera las más tenaces arañas pudieron soñar. Al fondo, se ve a alguien nadando, a gran velocidad, sin dirección estipulada, ni motivo por el cual hacerlo, solo nadar. Es mucho más fácil que reptar por el fondo con los cangrejos ermitaños y las colonias de coral rojizo; y sin embargo, a pesar de que implica tamaño esfuerzo, es feliz.
Pobrecillo, no sabe lo que le espera ahí arriba, todo un mundo de boyas, barcos sin faros que abran camino; un mundo sin el acogedor y viscoso frío del fondo desoxigenado. Son sin embargo éstas, palabras sin sentido, emitidas desde el suelo del mundo.
Los cables de sujeción cada vez menos flexibles, pero recuerden más frágiles también, a punto de salir ondeando y nadando, expresando la batalla del fondo contra la superficie; de la luz distorsionada, con la cristalina de una tarde de verano en pleno paisaje toscano. Un día quizá algunas rocas saldrán flotando, y solo quedarán en el fondo las sujetas por su pétrea constitución, las más débiles en definitiva. ¡Salud para la inocencia!
Porque es algo infinitamente mejor que la estupidez…

2 comentarios
Mayo 18, 2008 a las 10:51 am
Bendita inocencia, una de las pocas cosas con las que se nace y es imposible no perder antes de darte cuenta. La estupidez la hay a manos llenas…
Mayo 18, 2008 a las 4:29 pm
Las malas lenguas opinan que estupidez e inocencia van de la mano muy a menudo, pero son los mismos que creen que a los 18 tu vida ya es imposible de cambiar.