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I have longed to move away
From the hissing of the spent lie
And the old terrors’ continual cry
Growing more terrible as the day
Goes over the hill into the deep sea;
I have longed to move away
From the repetition of salutes,
For there are ghosts in the air
And ghostly echoes on paper,
And the thunder of calls and notes.

I have longed to move away but am afraid;
Some life, yet unspent, might explode
Out of the old lie burning on the ground,
And, crackling into the air, leave me half-blind.
Neither by night’s ancient fear,
The parting of hat from hair,
Pursed lips at the receiver,
Shall I fall to death’s feather.
By these I would not care to die,
Half convention and half lie.

Dylan Thomas, Selected Poems.


Y cómo no iba a inspirar un lugar así…


Castillo de Laugharne, Gales

Pendenciero

Esa era la palabra que más se repetía al oír hablar del pintor italiano Caravaggio. Perteneciente, o continuador de un barroco realista, que recuerda a composiciones como “La vieja del Huevo”, de Velázquez, este pintor nos sumerge en escenas costumbristas, que hacen parecer al mismísimo Goliath un hombre del campo, y no un gigante omnipotente. Consigue implicar a la gente humilde de su época, que contemplaban asombrados la ostentosa y atemorizante arquitectura de las nuevas catedrales e iglesias, construidas para más gloria de Trento y sus correligionarios.

Nacido en Milán a finales del siglo XVII, vivirá un tiempo en Roma donde alcanzará gran popularidad con su estilo “tenebrista”, con obras como “La Cena de Emaús”, “El joven del laúd” o “El martirio de San Mateo”, que dejan con la boca abierta por su perfecto reflejo de una realidad irreal. Deberá abandonar Roma, para evitar la pena de muerte por haber asesinado a un sargento en una tremenda reyerta. Esta huida le dolerá en el alma durante toda su vida. Desde entonces recalará en lugares como Malta, Sicilia y Nápoles, donde pintara una obra tan representativa de su dolor y maestría como es “La degollación de San Juan Bautista”. Tendrá un trágico final rayante en la locura, corría el año 1609 y esperaba conseguir el indulto de sus fechorías en Roma, por lo que se trasladó a Porto Ercole, cerca de Toscana. Allí se le encarceló, al confundirle con otra persona, y entretanto, perdió el barco en el que debía regresar a Roma, con todas sus pertenencias. Solo hay que imaginarle corriendo por la playa para darse cuenta de tamaña desesperación. Al poco tiempo de esto, enfermó, muriendo en 1610. Os muestro aquí una de sus pinturas: Judith y Holofernes, cuya historia podéis leer aquí.

Pictures of me

elliott_smith.jpg  

start, stop and start
stupid acting smart
flirting with the flicks
you say it’s just for kicks
you’ll be the victim of your own dirty tricks
you got yourself to tease and displease
doors swinging wide
you walked in to hide
looking at your feet
failure’s complete
saw you and me on the coin-op tv
frozen in fear every time we appear
I’m not surprised at all and
really, why should I be
see nothing wrong, see nothing wrong
so sick and tired of all these pictures of mecompletely wrong, totally wrong
go walking by
here come another guy
jailer who sells personal hells
who’d like to see me down on my fucking knees
everybody’s dying just to get the disease
hey hey hey hey
I’m not surprised at all and
really, why should I be
see nothing wrong, see nothing wrong
so sick and tired of all these pictures of me
completely wrong, totally wrong
I’m not surprised at all and
really, why should I be
see nothing wrong, see nothing wrong
so sick and tired of all these pictures of me
oh everybody’s dying just to get the disease
everybody’s dying just to get the disease
everybody’s dying just to get the disease

 Je bois pour que le malpouvoir des mots reste tranquille,
pour que toute le monde soit dangereux s’il leur plaît,
mais ne boirais jamais pourqu’eux soient sybillines ensemble.

Aurora

      El agua caía en la jofaina gota a gota, repicando al igual que penetraba en su cabeza ese pensamiento oscuro. Tenía que salir de allí sin importar el cómo, y en un corto intervalo además. La noche se alzaba como un muro infranqueable ante ella, tan poderosa antes, tan patética ahora. No había obstáculo que Aurora no pudiera superar, y sin embargo, cuando más falta le había hecho, no veía solución alguna. Si no salía de aquel lugar, en pocas horas sus ojos quedarían cegados para siempre. -Esos ojos de avellana por los que cualquier ardilla mataría-. Qué frase más cursi y sin sentimiento, muy propia de él. Igual de capaz de hacer un análisis estadístico como de inútil para ser persona, siempre frío y azul como el hielo podrido. Hacía ya dos años que la dejó, ¿Por qué? Era demasiado obsesiva, eso decía. Ja! obsesiva puede, pero también viva, no como él envuelto en su traje de Massimo Dutti, impecable, que le planchaba a diario.
      Después de que se separaran, no había vuelto a ser la misma, siempre cuesta abajo. Y para colmo, aparece aquella furgoneta de repente, y la meten en ella. Sin embargo, ahora no podía centrarse en eso, porque ¿acaso había algo que no fuese banal cuando la cuestión se trataba de vida o muerte? Eso pensaba ella, mientras con el dedo índice se mesaba un mechón cobrizo. Solo había una puerta, y una ventana abierta, ambas abiertas, con lo cual nunca podría escapar. Necesitaba traspasar el muro, pero para ello necesitaba un haz de luz. No muy potente, tan solo que diera en el punto exacto, pero solo tenía una linterna y una caja de cerillas, y eso no servía. Finalmente dio con lo que buscaba rebuscando en su memoria.


      Aurora levanta ya, mira qué día hace. Date prisa, que llegaremos tarde y se habrán comido todas las fresas. -Voy mamá, no me lo perdería por nada. Juancho me dijo que también va a traer cerezas, que les han sobrado muchas-
      Y así fueron, como cada año, ella y su madre, al festival de Sostariego, en el que se tocaban canciones regionales, y algunas familias llevaban comida para amenizar el momento. Se prolongaba hasta altas horas de la noche, pero ya por aquellos años iba cada vez menos gente, por el imparable éxodo rural. Ése año era especial, porque su madre iba con ella, nunca había podido ir por su trabajo, que le quitaba mucho tiempo.
Pero aquel verano, estaba libre, ya que estaban reformando su lugar de trabajo. Así que allí se encontraban, madre e hija bailando sin ritmo concreto, al son de una orquesta de baja estofa. Eran las 11 de la noche ya, y de repente, mientras sonaba algo de unas marionetas bailando sin fin; los cables de un foco rojo, como si hubiera un titiritero macabro por detrás, se rompieron, y el foco cayó justo encima de ellas. Su madre murió en el acto, y ella, ella se quedó parada, sin saber que hacer, con la cara encarnada. Tenía tan solo 11 años y un triste recuerdo que superar.

      Así que todo lo que Aurora debía hacer era introducir ese recuerdo luminoso por un punto central de la pared y saldría de allí, sería libre. Pero necesitaba una luz roja así que cogió un bolígrafo que había conseguido a escondidas, y empezó a dar golpes y más golpes al reflejo de la jofaina. Por fin consiguió que su recuerdo, luminoso y rojo, alcanzara la pared, y allí se abrió un hueco, pequeño, demasiado; por lo que siguió golpeando, hasta que el agujero fue enorme. Notaba que cuanto más crecía este, más le costaba golpear, pero no importaba -Dará igual cuando salga de aquí- se decía ella.
      Finalmente, estimó que era una anchura considerable, y se dispuso a pasar, dando un último golpe. Pero con ese repicar postrero, la pared se volvió sólida de nuevo, y vio que la auxiliar de guardia corría hacia ella. La mujer no pudo más que gritar y caer sin vida en el momento. La enfermera llamó por ayuda, pero fue imposible hacer nada, y de la infelicidad de la etérea muchacha solo quedo algo escrito en la pared, como grabado con esa luz tan viva y roja, MAMÁ.

 

Rabia contenida

 sonrisa.jpg

Un montón de porqués sin respuesta acuden. ¿Porqué no se callan los que no deberían hablar? La boca cerrada tendrían mejor, pero la socarronería les puede. ¿Porqué las decisiones aparecen tan difíciles de tomar? Acaso hay un muro invisible que deforme la realidad y haga parecer las cosas de otra forma… Podría ser, pero no parece el caso. ¿Porqué mentir, es que la verdad es tan terrible? Pues prefiero la simple dejadez que el interés, qué asco de tiempo perdido entonces, todo falsedad. Pero en el fondo da igual.

 Por último, ¿Porqué intentamos engañarnos a nosotros mismos, intentando ponernos en la piel de otros? Somos igual de egoístas o más que ellos, pero no decimos lo que quisiéramos, por temor, o quizá porque podría derivar en una espiral de excesiva sinceridad, innecesaria en todo caso. La situación es esa, me aburre el tiempo, las apariencias y las ganas de malaprovechar el tiempo de la gente, que aún así se divierten. A veces les odio, pero a veces les envidio. Y siempre esa sonrisa falsa que queda tan real. Disculpen las molestias.

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